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Desarrollo un asesoramiento jurídico profesional, comprometido, desde la confianza y la honestidad expresando lo que entiendo que mi cliente necesita escuchar y no lo que quiere escuchar porque "al juzgado se va con el problema y no con la emoción"

Considero fundamental conocer qué consecuencias jurídicas tienen nuestros actos y anticipar posibles problemas para no vernos sorprendidos después por los acontecimientos.

Mi intervención en áreas civiles y mercantiles sigue este plantemiento esencial:

Asesoramiento jurídico preventivo en materia de contratos, acuerdos y relaciones jurídicas en general trabajando con profundidad dónde pueden surgir conflictos o discrepancias con el objetivo de evitarlos o minimizarlos.

Mediación y resolución alternativa si, pese al trabajo previo, los conflictos surgieran. El fundamento de esta intervención es ahorrar costes de futuros procedimientos judiciales y evitar daños colaterales: ruptura de relaciones contractuales, pérdida de confianza de otros clientes o proveedores, deterioro de la imagen de la empresa, etc.

En último caso, intervención en sede judicial si los mecanismos anteriores no dieren resultado y se entendiere que es la mejor de las opciones, y no siempre lo es.

Veamos algunas de las razones:

En el juzgado no se imparte justicia, se aplican leyes.

Cuando el cliente te encomienda iniciar acciones judiciales lo que quiere es ganar y no someter el asunto a la decisión jurídica de un tercero (el juez).

Por este motivo, mi trabajo es acompañar en este complejo mundo, hacer fácil lo difícil y expresar lo que honestamente entiendo que el cliente necesita escuchar y no lo que quiere y hacerle comprender la diferencia entre la aplicación de las leyes y el concepto de justicia que personalmente pueda tener y que en muchas ocasiones se acerca más a una justicia moral, subjetiva y particular que a una defensa objetiva y técnica del asunto.

Litigar es caro, y ahora más.

Algunas estadísticas fijan en aproximadamente un 70% los clientes de despachos de abogados que desisten de iniciar acciones judiciales por el coste de las tasas judiciales.

Plantear acciones judiciales debe ser una decisión muy meditada a la cual añadiría un interrogante fundamental, ¿y para qué?

Existe un alto nivel de frustración cuando tras un proceso, en ocasiones dilatado, se obtiene una sentencia favorable que, no obstante, no puede ser efectiva de ninguna manera.

Por tanto, en términos económicos y de satisfacción, litigar nunca debe ser la primera opción de la empresa cuyos recursos, más bien, deben enfocarse en el asesoramiento jurídico preventivo, en un trabajo previo profundo y en la gestión y resolución del conflicto cuando éste aparece.

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Eva Ferrer Sabroso
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